lunes 2 de julio de 2007

En mi oficio o mi arte sombrío

Junto a la luz que canta yo trabajo
no por ambición ni por el pan
ni por ostentación ni por el tráfico de encantos
en escenarios de marfil,
sino por ese mínimo salario
de sus más escondidos corazones.
Dylan Thomas




“Salí en busca de una aventura, no tenía ninguna ambición, sólo quería encontrar mi camino”, comenta Dylan, dando un punto de partida a su mágica historia. Siempre fue un distinto, un brillante compositor que soportó el paso del tiempo, un tipo que hipnotiza cuando habla y así es como se lo muestra en el documental “No direction home”, dirigido por Martin Scorsese.
Un día después de haber terminado el secundario, ya descartada la idea de ir a la escuela militar, se fue de su pueblo en Minessota y entró en la universidad. “No tenía pasado que contar, ni nadie de quien depender”. Era libre y manifestaba su interés por la poesía. Las imágenes de los años ’50 se mezclan con las de Dylan hablando sobre su pasado y las canciones que formaron parte del mítico recital de Newcastle –donde fue abucheado y considerado un traidor por los fans- son usadas como conectores entre historia e historia.
1961 fue un año bisagra para Bob. Fue el año que se mudó a Nueva York y decidió ser un artista a tiempo completo. El folk era la manera en que vivía. Bastaron dos meses para que cambie, para que llegue a la encrucijada. Tocaba en un bar de la gran ciudad, era telonero de una banda y al ser demasiado “visceral” no conseguía un contrato de grabación con ninguna discográfica. Escribía sobre lo que pasaba en el mundo, lo que leía en el diario –mucho antes de que lo hicieran los Beatles en Sargento Pimienta- e imitaba mucho a Woddie Guthrie –su héroe-.
Después de meses, Columbia golpea su puerta y llega el momento de grabar su primer disco. “Al momento en que lo terminé, quise olvidarlo. Yo ya tenía escritas mis canciones y en el álbum cantaba algo que la gente ya había escuchado”. Sentía la necesidad de grabar sus canciones y finalmente lo logró en ese atemporal y extraordinario disco titulado: “The freewheelin’ Dylan”. Inspirador, real, muy al estilo Zimmerman. A pesar de que repetía constantemente “no estar inventando nada”, el álbum caló hondo en el sentimiento de la juventud americana que veía reflejado su pensamiento en esas trece canciones que se dividían entre la guerra, el amor y un discurso político que afloraba a los 22 años.
El documental vuela nuevamente hacia Newcastle. Esta vez suena “ballad of a thin man” entre silbidos y aplausos. La versión interpretada es conmovedora y tras bastidores, Dylan ironiza sobre los abucheos: “No los tolero, se me complica afinar”. La voz rasposa es una marca registrada y a pesar de que durante años se lo haya tildado de ser un mal cantante, de dylan no hay que escuchar que dice, sino como lo dice. Creo que John Lennon dijo eso.
Vuelve a retroceder en el tiempo. Dylan se pelea con los periodistas que dicen que es un cantante de protesta. “Que cantes sobre política no significa que seas político”, se excusa detrás de unos grandes anteojos negros. Las intervenciones de Joan Baez en el documental son constantes y por momentos, revelan aspectos no conocidos de Bob como cuando le comentó casi al pasar: “No se de que mierda hablo, pero en unos años, los pendejos van a escribir sobre lo que quise decir”.
Bob escribió su propia historia y fue partícipe de la historia de otros. En 1963, Martin Luther King profesaba en Washington su discurso más recordado. Minutos después, Dylan cantaba junto a Joan Baez en el mismo micrófono que había usado el líder pacifista. Campanas de libertad.
Así como el tiempo cambia, Dylan también lo hace. Entre abucheos, descontentos y el sonido estridente de las guitarras eléctricas, deja la acústica de lado y convoca una banda para su nuevo disco. La gente no critica la música, sino el cambio. El festival folk en Newport es el escenario donde Dylan manifiesta su transición. Arranca rockeando y se despide silbado. En minutos vuelve y hace un set acústico. Se vende. Flaquea.
Ya llegó 1966, el año en que los Beatles se consolidan como la mejor banda del mundo, Los Beach Boys lanzan el magistral “Pet sounds” y Los Stones: Aftermath. Dylan está en el escenario del City Hall, tiene colgada su Fender Telecaster y el grito de traidor por parte de un fanático repercute en su cabeza. ¿Qué se siente estar por tu cuenta, sin un camino a casa, como un desconocido, como un rolling stone?
Play it fuckin’ loud.

4 acordes:

S u p e r b o y dijo...

Excelente nota. Lo hace uno reflexionar, Dylan fue un 'traidor' en su epoca, por la gente, pero es el tiempo que decide quienes son heroes o villanos.

Abrazo

Recontra dijo...

Mató esta nota...
Martin Scorsese es un capo..

Saludos...

me dijo...
El autor ha eliminado esta entrada.
me dijo...

amo a bob.
Que buena nota.
te firme el flog por algun lado
(itaint_me_babe)