Llegué a casa a las 2 de la mañana después de una larga cena con la familia. Estaba con dolor de panza gracias a que el aire acondicionado del lugar estaba muy bajo, a pesar del descenso de temperatura en la noche porteña.
Con el sufrimiento a cuestas y entre reiteradas idas al baño, prendo la tele en VH1 para que me haga un poco de compañía. El despertador ya estaba programado para las 7.30, aunque desde un primer momento supe que no me iba a poder dormir.
En una de las tantas visitas al baño leí una nota a Dante Spinetta en el flojo anuario que produjo Rolling Stone. Nada interesante, salvo la frase que cierra la entrevista: ¿Estaría bueno que se junte Pescado, no?, pregunta Dante y mi cabeza recuerda una nota (¿o un pedido?) de Scaletric que rogaba por la vuelta de la mítica banda. Ellos pedían que el flaco toque “Madre selva”, yo imploro por “Sombra de la noche negra”.
Ya son las 3.30 y el dolor no pasa. Camino por la casa, doy mil vueltas en el mismo lugar; cambio constantemente de canal sin poder encontrar una programación decente y maldigo una vez más el frío del restaurante.A las 4 el volumen de la televisión ya está bajo, bostezo dos veces en un par de segundos y chequeo una vez más que el despertador esté puesto al horario que empieza el partido. Cierro los ojos… vuelo hacia una nueva experiencia, pienso en mil cosas distintas, me imagino escuchando a Dylan en sólo tres meses. Tarareo “My back pages ” y empiezo a escribir esta crónica en mi cabeza. Veo a una mujer hermosa frente a mí, la siento cerca pero no la encuentro, la veo, la toco pero ella no me ve y la imagen se disipa.
Ya pasaron 45 minutos desde que cerré los ojos. Todavía falta la mitad de la noche para que empiece el partido y acepto finalmente que no voy a poder conciliar el sueño.
Engancho una película que ya vi muchas veces pero me quedo en el canal porque no hay otra cosa que poner. Es la típica trama adolescente en la que trabajan cuatro chicas divinas que intentan conquistar al mismo deportista popular que puede salir con
cualquiera.
6 de la mañana. El sol ya acecha la persiana y llega mi hermano después de una noche agitada. En el mismo canal pasan una nueva película sobre adolescentes que quieren filmar una porno para conquistar chicas. Otra vez las protagonistas son hermosas. Esto ya me aburre y ruego porque sean las 7.30 y empiece el partido.
Cabeceo varias veces pero si me duermo ahora no me voy a poder levantar hasta las 12 del mediodía. Sigo escribiendo la crónica y continúo con las visitas al baño. La comida no baja y me mareo en la cama.
A las 7.23 sale Boca a la cancha y me despabilo. Primeros cinco minutos de partido, se juega de igual a igual. Después la nada entre las 6 y los 18 minutos. Gol del Milan , falla de la defensa. Insultos bajos y resignación. Pienso en dormirme pero decido dar pelea y al instante agito los brazos por el gol de Palacio. Es un partido entretenido, la sombra de Kaka deambula por la cancha, todos están esperando que haga algo espectacular pero durante los primeros 45 minutos, no logra calzarse el titulo de mejor jugador del mundo. Ante cada caída de un jugador europeo en el área de Boca, me acuerdo de Codesal dirigiendo la final de Italia ’90. En realidad no me acuerdo, porque tenía dos años pero se generaron tantos mitos alrededor de ese partido, que no logro sacarme la imagen de la cabeza.
Termina el primer tiempo, quiero volver al baño. Aprovecho que ya llegó el diario y le pego una rápida leída a la sección espectáculos para chequear nueva información sobre la llegada de Bob . No hay nada en ninguno de los dos diarios que recibo los
domingos. Pasados los rigurosos 15 minutos de entretiempo, vuelvo a la cama y subo un poco el volumen. La televisión se apaga y no anda el velador... maldito corte de luz que afecta a todo el edificio. Al minuto vuelve y por suerte, Boca todavía no salió a la cancha. Decido cambiarme de lugar y me mudo al sillón delliving de casa.
Gol del Milan, golpe a la ilusión. El segundo tiempo se pasa rápido. A los 58 grito desaforado un golazo de Ibarra pero no puedo capitalizar toda mi alegría porque la pelota choca contra el palo y Palermo no puede encontrar el rebote. A los 60 otro gol de Milan. Esta vez, golpeo con furia los almohadones y me resigno. El final es inminente y a los 67, la televisión japonesa enfoca a Riquelme. De estar él en la cancha, el partido, tal vez, hubiera sido otro. Kaka ya se convirtió en la figura del partido y tiene a maltraer a toda la defensa de Boca. Otro gol del Milan. Niembro y Closs no esperan a que el partido termine para empezar a buscar el nombre que
ocupará el banco de Boca en 2008. No se puede esperar otra cosa de ellos.
Boca intenta como durante todo el partido y logra el descuento a un par de minutos para el final. Llanto desconsolado de Palermo, de Morel, de Banega. Me voy a la cama con más dolor del que tenía cuando llegué a la madrugada.
domingo 16 de diciembre de 2007
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2 acordes:
VH1, un salvavida ejemplar.
no le dolía la panza, porque sabía como iba a salir boquita?.
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