El jazz sale a la vereda y resuena entre los personajes que transitan por Corrientes y Callao. Se ignoran, y no saben –o no se dan cuenta- que forman parte de la historia de quien los cruza. Él los imagina, ¿ellos lo imaginan a él?
Al menos 50 personas por minuto deambulan de lado a lado de la avenida, pasan atolondrados, ajenos a la situación que los rodea y sin saber que están siendo observados. Los personajes de la historia están unidos por lo mismo que une a todo el mundo: Los presupuestos.
Cambia el semáforo,y trae con él a un hombre alto que viste como una mujer, con la cara pintada y dos lolas hechas en un quirófano; El quiosquero de la esquina no puede evitar reírse y hacer un escándalo. Le grita a un volantero que conoce: ¿La vas a visitar hoy a la noche, no? Y prontamente, los dos ríen histéricos ante la situación. El hombre no se da por aludido y continúa con su marcha triunfal, estira sus largas piernas a medio cubrir y se pierde por Corrientes. No la conocen pero imaginan su trabajo y su manera de vivir. Nadie la ubica sentada en una oficina de un banco, ni enseñando a un chico como leer. Prefieren seguir en su broma y etiquetar a la persona por su aspecto y su vestimenta.
El semáforo vuelve a dar paso y deja a un veinteañero con una remera de Led Zeppelin -que viene conectado a su mundo a través de sus auriculares- del otro lado de la calle. Lleva una mochila a cuestas que no le impide caminar con el mentón bien alto, orgulloso de si mismo y con actitud de “escucho buena música, soy mejor que ustedes”. Tal vez lo es, pero nunca se podrá averiguar. Él cree, y es uno de los miles, que la música estratifica a las personas en diferentes clases sociales. Cuando pasa por la vidriera de Zivals, interpreta un solo incendiario de guitarra aérea y capta la atención de quienes entregan volantes ofreciendo chicas que se venden más baratas que un kilo de tomates. Sigue caminando y se mezcla entre personas que no llevan auriculares ni remeras de Zeppelin.
La esquina habilita nuevamente a los peatones a cruzar. Esta vez, trae con ella a una rubia escultural que mueve las caderas como si la calle fuese su pasarela. Sabe que todos se dan vuelta a mirarla y le encanta. A través de sus grandes anteojos negros finge no ver a nadie, pero está pendiente de generar un impacto en quien se cruce con ella. Tiene aspecto de “gauchita” y eso hace que los hombres que la ven pierdan la compostura y se ratoneen con pasar una noche con ella. Nadie se atreve a decirle nada, pero no pueden dejar de mirarla; incluso el policía que hace multas a quien detenga su auto en la senda peatonal, ignora por unos segundos su trabajo y no puede dejar de pensar en las cosas que le haría. Ella cumplió su objetivo y va a seguir jugando con las suposiciones a la próxima esquina.
Corrientes y Callao basa su historia en las personas que caminan por ahí y que crean una ficción sobre quien los cruza. Estos presupuestos se derrumban como castillas de arena al subir la marea cuando se logra un contacto genuino. Pero que difícil puede ser dar el primer paso…
martes 30 de octubre de 2007
sábado 20 de octubre de 2007
Re-bienvenidos a la maquina
Hace varias semanas que quería revivir el blog. ¿Por qué tardé tanto?
No sé. Después de pensar que había escrito una buena nota sobre el documental de Dylan, la releí unos días más adelante y me pareció tal cagada que no sentí ganas de seguir publicando.
Lo peor de todo es que estuve pensando un montón de notas y nunca las escribí en ningún lado. Eso, es posiblemente, lo que más me molesta.
Entonces, acá estoy de vuelta. Renovado, con ganas de escribir. Decidido a dejar todos los temores a las críticas atrás y "creyendomela" un poco. Vamos que esta vez es posible.
Durante mi ausencia me divertí grabando estos videos
No sé. Después de pensar que había escrito una buena nota sobre el documental de Dylan, la releí unos días más adelante y me pareció tal cagada que no sentí ganas de seguir publicando.
Lo peor de todo es que estuve pensando un montón de notas y nunca las escribí en ningún lado. Eso, es posiblemente, lo que más me molesta.
Entonces, acá estoy de vuelta. Renovado, con ganas de escribir. Decidido a dejar todos los temores a las críticas atrás y "creyendomela" un poco. Vamos que esta vez es posible.
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