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miércoles 23 de abril de 2008
viernes 18 de abril de 2008
Fuego eterno
Las puertas del Luna Park se abren a las 8 y habrá que esperar una hora y media más para que las verdaderas puertas se abran. Primera impresión: muy poca gente y un escenario a centímetros de la valla.
La banda soporte improvisada, Los ravioli, anuncia que tocan juntos desde hace más de 17 años y ofrece un show muy pobre que se acerca más a una presentación de Pomelo rockrollnnn que a la de una banda que está calentando el fuego de lo que sería una noche histórica. Para cuando termina su actuación, el Luna Park todavía no hospeda ni a la mitad de gente que podría hospedar.
Cualquier movimiento arriba del escenario, como puede ser prender un equipo o probar los micrófonos, se llevaba una ovación general, que indica el entusiasmo porque llegue la hora pautada para el comienzo del show . Para las 9.15 el lugar ya está casi poblado, y a menos de ocho metros del escenario se empieza a sentir el calor de la gente que se amontona. “Cuando salgan, esto va a ser un quilombo”, le dice un muchacho que deambula por ahí a su amigo.
9.30. Se apagan las luces. Una ópera resuena en los parlantes y todos los jóvenes del campo empiezan a saltar de un lado a otro. Se dejan llevar y alientan a la leyenda de los Doors, gritan por Morrison, Densmore y por Krieger y Manzarek, los dos que recorren el escenario emulando una vuelta olímpica. No hay tiempo de presentaciones. El riff de Love me two times genera una sensación de adrenalina que produce en todo el mundo ganas de saltar, de gritar la letra, de revolear una remera. Cuando termina el tema, la gente no se calma y ante la mirada incrédula de los músicos, siguen saltando y gritando.
Llega de una cachetada Break on trough(to the other side) y los cuerpos transpirados empujan hacia delante esperando llegar al escenario. Nadie lo logra pero la sensación es que todos están sobre él. La gente lleva adelante la canción y la banda agradece al público. El comienzo de Love her madly no calma a nadie pero a medida que avanza hacia el final, muchos de los que saltaban, se repliegan a los costados del escenario cansados, transpirados, satisfechos.
Llega el turno de uno de los momentos más especiales del show: When the music is over. El vocalista Bret Scallions, que imita en todos sus movimientos a Jim Morrison, agarra una bandera que le tiran desde el campo con la cara del ídolo y la engancha a la batería. La ovación no espera y Scallions, con esa simple acción, se gana al público que le retribuye el acto. La canción es embriagadora pese a que el baterista no logra alcanzar la perfección como lo hacia John Densmore. Scallions incita una vez más a la gente al grito de: “hoy queremos fumar mucha marihuana argentina”, a lo que el público responde tirando un porro al escenario. Manzarek lo huele y contesta: “esto está usado, yo quiero uno nuevo”. El Luna delira y explota la fiesta con Waiting for the sun, que cada uno de los presentes la canta de una manera distinta. Después llega The Soft Parade y sus clásicos cambios de ritmo. La gente baila y siente el resueno de la bateria en el piso. Todo vibra y el campo termina una vez más la canción saltando. Moonlight drive y Wild Child hacen lucir a Krieger, que muestra un aspecto físico arruinado pero que los 40 años del nacimiento del mito no hicieron efecto en su fantástica manera de tocar. Se acerca constantemente a los costados del escenario y toca a los bendecidos fans que están en la valla. Ray Manzarek maneja los hilos, sabe cuando hacer un chiste y cuando salir del teclado para compartir el centro del escenario con Stallions y Krieger. Es él el que incita a buscar un vaso de whisky para refrescarse y da paso a Whisky bar que enardece a la gente. Sigue con Back door man que no da respiro.
En el medio de la fiesta, hay tiempo para un mensaje político de Manzarek. “El demonio”, como apoda el tecladista a George Bush, es el blanco de los misiles que lanza desde el escenario la banda con Five to one, que también es dedicada a “aquellos que aman la guerra”. Sigue el subibaja de acordes de Gloria, que caracteriza el sonido potente de los Doors.
Todas las luces se apagan. Ninguno de los presentes sabe que va a ocurrir, pero cuando Krieger se calza la acústica y Manzarek presenta “una canción flamenca” y deja solo a Krieger, todos saben que va a tocar Spanish Caravan y aplauden a rabiar. Los primeros segundos del punteo son defectuosos pero cuando el guitarrista se termina de acomodar, todo se llena de misticismo. Cuando todos esperaban el fraseo de la canción, aparece Manzarek y canta con Krieger “No me molestes mosquito”. Las carcajadas y los aplausos se funden al terminar la interpretación que ahora sí da paso a Spanish Caravan.
Scallions vuelve a gritar por Morrison y Manzarek menciona que Jim fue el hombre con el pene más grande que haya conocido. La banda improvisa una canción con un ritmo sexual que es acompañada por un juego entre los músicos que se presentan como “maquinas sexuales”. Cuando le toca el turno a Manzarek , él responde con un baile y dice: “me siento sexy esta noche”.
Los acordes de Touch Me vuelven a incitar a la gente que, a pesar del cansancio, responde con saltos y explota cuando Scallions empieza a cantar. Al cantante le llueven garzos desde el comienzo del show pero sólo se molesta cuando le tiran una zapatilla. Suena LA woman y el delirio vuelve a instalarse en la multitud. Todos saben que falta una canción que no puede dejar de sonar esa noche. La banda se va por cinco minutos, una eternidad para los impacientes que esperan rockear un par de minutos más. Es el momento que todos están esperando. Manzarek la presenta como la canción “que más sonó en la radio” y de ahí en más, la música se mezcla con los gritos de amor hacia la banda, los bailes fingidos de un par dequinceañeras que pretenden estar drogadas en los ’60, y el amor hacia un personaje mítico que sabía cantar esa canción como nadie.
El fuego volvió a encenderse a pesar de la ausencia de Morrison y Densmore. El grito “doors, doors, doors” que repitió el público durante toda la noche todavía resuena sobre ese escenario que fue desmantelado tan rápido como el paso de la banda por Buenos Aires.
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La banda soporte improvisada, Los ravioli, anuncia que tocan juntos desde hace más de 17 años y ofrece un show muy pobre que se acerca más a una presentación de Pomelo rockrollnnn que a la de una banda que está calentando el fuego de lo que sería una noche histórica. Para cuando termina su actuación, el Luna Park todavía no hospeda ni a la mitad de gente que podría hospedar.
Cualquier movimiento arriba del escenario, como puede ser prender un equipo o probar los micrófonos, se llevaba una ovación general, que indica el entusiasmo porque llegue la hora pautada para el comienzo del show . Para las 9.15 el lugar ya está casi poblado, y a menos de ocho metros del escenario se empieza a sentir el calor de la gente que se amontona. “Cuando salgan, esto va a ser un quilombo”, le dice un muchacho que deambula por ahí a su amigo.
9.30. Se apagan las luces. Una ópera resuena en los parlantes y todos los jóvenes del campo empiezan a saltar de un lado a otro. Se dejan llevar y alientan a la leyenda de los Doors, gritan por Morrison, Densmore y por Krieger y Manzarek, los dos que recorren el escenario emulando una vuelta olímpica. No hay tiempo de presentaciones. El riff de Love me two times genera una sensación de adrenalina que produce en todo el mundo ganas de saltar, de gritar la letra, de revolear una remera. Cuando termina el tema, la gente no se calma y ante la mirada incrédula de los músicos, siguen saltando y gritando.
Llega de una cachetada Break on trough(to the other side) y los cuerpos transpirados empujan hacia delante esperando llegar al escenario. Nadie lo logra pero la sensación es que todos están sobre él. La gente lleva adelante la canción y la banda agradece al público. El comienzo de Love her madly no calma a nadie pero a medida que avanza hacia el final, muchos de los que saltaban, se repliegan a los costados del escenario cansados, transpirados, satisfechos.
Llega el turno de uno de los momentos más especiales del show: When the music is over. El vocalista Bret Scallions, que imita en todos sus movimientos a Jim Morrison, agarra una bandera que le tiran desde el campo con la cara del ídolo y la engancha a la batería. La ovación no espera y Scallions, con esa simple acción, se gana al público que le retribuye el acto. La canción es embriagadora pese a que el baterista no logra alcanzar la perfección como lo hacia John Densmore. Scallions incita una vez más a la gente al grito de: “hoy queremos fumar mucha marihuana argentina”, a lo que el público responde tirando un porro al escenario. Manzarek lo huele y contesta: “esto está usado, yo quiero uno nuevo”. El Luna delira y explota la fiesta con Waiting for the sun, que cada uno de los presentes la canta de una manera distinta. Después llega The Soft Parade y sus clásicos cambios de ritmo. La gente baila y siente el resueno de la bateria en el piso. Todo vibra y el campo termina una vez más la canción saltando. Moonlight drive y Wild Child hacen lucir a Krieger, que muestra un aspecto físico arruinado pero que los 40 años del nacimiento del mito no hicieron efecto en su fantástica manera de tocar. Se acerca constantemente a los costados del escenario y toca a los bendecidos fans que están en la valla. Ray Manzarek maneja los hilos, sabe cuando hacer un chiste y cuando salir del teclado para compartir el centro del escenario con Stallions y Krieger. Es él el que incita a buscar un vaso de whisky para refrescarse y da paso a Whisky bar que enardece a la gente. Sigue con Back door man que no da respiro.
En el medio de la fiesta, hay tiempo para un mensaje político de Manzarek. “El demonio”, como apoda el tecladista a George Bush, es el blanco de los misiles que lanza desde el escenario la banda con Five to one, que también es dedicada a “aquellos que aman la guerra”. Sigue el subibaja de acordes de Gloria, que caracteriza el sonido potente de los Doors.
Todas las luces se apagan. Ninguno de los presentes sabe que va a ocurrir, pero cuando Krieger se calza la acústica y Manzarek presenta “una canción flamenca” y deja solo a Krieger, todos saben que va a tocar Spanish Caravan y aplauden a rabiar. Los primeros segundos del punteo son defectuosos pero cuando el guitarrista se termina de acomodar, todo se llena de misticismo. Cuando todos esperaban el fraseo de la canción, aparece Manzarek y canta con Krieger “No me molestes mosquito”. Las carcajadas y los aplausos se funden al terminar la interpretación que ahora sí da paso a Spanish Caravan.
Scallions vuelve a gritar por Morrison y Manzarek menciona que Jim fue el hombre con el pene más grande que haya conocido. La banda improvisa una canción con un ritmo sexual que es acompañada por un juego entre los músicos que se presentan como “maquinas sexuales”. Cuando le toca el turno a Manzarek , él responde con un baile y dice: “me siento sexy esta noche”.
Los acordes de Touch Me vuelven a incitar a la gente que, a pesar del cansancio, responde con saltos y explota cuando Scallions empieza a cantar. Al cantante le llueven garzos desde el comienzo del show pero sólo se molesta cuando le tiran una zapatilla. Suena LA woman y el delirio vuelve a instalarse en la multitud. Todos saben que falta una canción que no puede dejar de sonar esa noche. La banda se va por cinco minutos, una eternidad para los impacientes que esperan rockear un par de minutos más. Es el momento que todos están esperando. Manzarek la presenta como la canción “que más sonó en la radio” y de ahí en más, la música se mezcla con los gritos de amor hacia la banda, los bailes fingidos de un par dequinceañeras que pretenden estar drogadas en los ’60, y el amor hacia un personaje mítico que sabía cantar esa canción como nadie.
El fuego volvió a encenderse a pesar de la ausencia de Morrison y Densmore. El grito “doors, doors, doors” que repitió el público durante toda la noche todavía resuena sobre ese escenario que fue desmantelado tan rápido como el paso de la banda por Buenos Aires.
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lunes 14 de abril de 2008
Flight of the Conchords
Ellos son Bret y Jemaine, dos muchachos que hicieron un largo viaje desde su país natal para intentar llevar a cabo un sueño: convertirse en grandes estrellas de rock. Claro que ellos no tienen ni una remota idea de como lograrlo-su manager menos- y fallan de manera insoportablemente graciosa.
La primera temporada de la serie se divide en doce episodios de media hora cada uno y se consigue en el parque Rivadavia(hasta hace unas semanas la daban en HBO).
Bussiness time:
Bowie song (en vivo en un teatro stand up):
Humans are dead (su primer video, grabado con un celular):
Foux da fa fa:
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miércoles 9 de abril de 2008
El señor Spilbergo
domingo 6 de abril de 2008
Vuelven, todos vuelven
Hace varios días se anunció la vuelta de dos de las mejores bandas de la historia: Pink Floyd y Led Zeppelin. Eso, probablemente, ustedes ya lo saben y rezan porque la banda liderada por Waters y Gilmour decida que su única función se haga en Argentina, a beneficio de los miles de fanáticos que nunca pudieron escucharlos en vivo. En cuanto a Zeppelin, sigue en el aire el rumor de que vienen al país pero también se dijo que McCartney venía en 2004, 2005, 2006 y 2007 y nunca se concretó...así que por ahora es mejor no hacerse ilusiones.
Y otros que vuelven dentro de poco-a pesar de que nunca se separaron- son los British People. Todavía no se sabe mucho, pero según una fuente cercana al grupo que prefirió no ser mencionada, el nuevo video se grabaría en las próximas semanas en el bosque de Villa Gesell y estaría basado en una canción que escribió Lennon en la India en la que se mezclan cazadores, tigres y elefantes.
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Y otros que vuelven dentro de poco-a pesar de que nunca se separaron- son los British People. Todavía no se sabe mucho, pero según una fuente cercana al grupo que prefirió no ser mencionada, el nuevo video se grabaría en las próximas semanas en el bosque de Villa Gesell y estaría basado en una canción que escribió Lennon en la India en la que se mezclan cazadores, tigres y elefantes.
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jueves 3 de abril de 2008
Riders on the Storm
Hace varios días cuando le comenté a mi hermano la llegada de “Riders on the storm” al país, me miró incrédulo y me preguntó: ¿Para qué querés ver a los Doors si no está Jim Morrison?
Si bien Morrison era el personaje hipnótico, místico, el raro arriba del escenario convertido en mito, lo primero que me conmovió del grupo cuando compré “The Doors” fue la manera en que sonaba la banda. Me encantaban los teclados y la batería, y la atmósfera era perfecta para escuchar en cualquier momento del día. Los tres integrantes sabían perfectamente como adecuarse a la lírica de Jim y como darle el tono ideal a cada canción. Ese primer disco estuvo en mi discman durante días y no logré-ni quise- separarme jamás del grupo.
Ahora, en menos de dos semanas vienen Manzarek y Krieger, ya que el baterista John Densmore “renunció” al rock en los ’80 y no se lleva muy bien con sus ex compañeros, y Jim todavía sigue vagando por París, y ahí estaré esperándolos en la valla del Luna.
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Si bien Morrison era el personaje hipnótico, místico, el raro arriba del escenario convertido en mito, lo primero que me conmovió del grupo cuando compré “The Doors” fue la manera en que sonaba la banda. Me encantaban los teclados y la batería, y la atmósfera era perfecta para escuchar en cualquier momento del día. Los tres integrantes sabían perfectamente como adecuarse a la lírica de Jim y como darle el tono ideal a cada canción. Ese primer disco estuvo en mi discman durante días y no logré-ni quise- separarme jamás del grupo.
Ahora, en menos de dos semanas vienen Manzarek y Krieger, ya que el baterista John Densmore “renunció” al rock en los ’80 y no se lleva muy bien con sus ex compañeros, y Jim todavía sigue vagando por París, y ahí estaré esperándolos en la valla del Luna.
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